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EL PADRE HURTADO Y SU CRITERIO DE JUSTICIA SOCIAL

Mística de la transformación de la sociedad:

"El orden social actual no responde al plan de la Providencia". Bajo el impulso del Espíritu, el P. Hurtado combinó su identidad cristiana, católica y jesuítica con originalidad. Si es posible resumir en qué consistió esta originalidad suya, hay que decir que el P. Hurtado fue un "místico social".

Dos son los aspectos que en su "mística social" se requieren recíprocamente: la "mística del prójimo" y la "utopía social". Si todo místico cristiano halla a Dios en Cristo y a Cristo en el prójimo, a Alberto Hurtado es el amor a Dios en Cristo lo que lo lleva a hacerse cargo del prójimo. Somos Cristo unos para otros. Amando al prójimo amamos a Cristo y, a la vez, siendo amados por otros somos amados por Él.

 

 

Cristo vive en el prójimo, pero especialmente en el pobre. A los miembros de la Fraternidad del Hogar de Cristo, su mayor y la más característica de sus obras, les pedía un voto de "obediencia al pobre…,sentir sus angustias como propias, no descansando mientras esté en nuestras manos ayudarlos. Desear el contacto con el pobre, sentir dolor de no ver al pobre como representante de Cristo para nosotros".

El aspecto activo de esta "mística del prójimo" es distinguible pero no separable del aspecto contemplativo, ya que consiste en ser "Cristo" para otros "cristos". Para el P. Hurtado, el cristiano es "otro Cristo", viviendo según el Espíritu de Cristo, siguiéndolo en pobreza y cargando su cruz. La regla de oro de la vida religiosa y moral de los cristianos consiste en preguntarse, en toda circunstancia, "¿qué haría Cristo en mi lugar"?

En el centro de la espiritualidad del P. Hurtado, la visión de Cristo en el pobre de acuerdo con el mandato evangélico del mismo Jesús (Mt 25, 31-46), constituye la experiencia fundante del compromiso activo de caridad y de justicia suyo propio y de los verdaderos cristianos a favor de los pobres. Por todo esto, el P. Hurtado se indigna contra los malos católicos, "los más violentos agitadores sociales". Según él, el cristianismo burgués de éstos, una especie de "paganismo disfrazado de cristianismo", es "una de las causas más profundas de la apostasía de las masas".

La experiencia religiosa de Alberto Hurtado estuvo a la altura intelectual de los hombres de su época y su formulación aún nos interpela. La "mística social" del P. Hurtado aspiró a cambiar las estructuras de la sociedad a partir de un cambio interior en los cristianos, y viceversa.

El concepto que mejor expresa su utopía evangélica es el de orden social cristiano. Éste aterriza el Reino de Dios anunciado por Jesús. El orden social existente, según el P. Hurtado, "tiene poco de cristiano". Es imperativo cambiarlo. "El orden social actual no responde al plan de la Providencia". No puede ser "orden" la conservación del statu quo; "el orden económico implica gravísimo desorden".

El orden social cristiano, por su parte, no puede ser impuesto a la fuerza. Debe consistir en un "equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento de la justicia y de la caridad". Estas son las dos virtudes fundamentales que estructuran la sociedad humana.

El P.Hurtado combate la ilusión de quienes se vanaglorian de su benevolencia, saltándose las obligaciones de la justicia: "la caridad verdadera comienza donde termina la justicia". Por ello, fustiga a quienes "están dispuestos a dar limosnas, pero no a pagar el salario justo".

Hay otra expresión que el P. Hurtado utiliza para designar su utopía social. Esta es, la de "cristianismo integral": la necesidad de una fe en Cristo manifestada en todos los aspectos de la vida. Es imposible ser exhaustivo para enumerar las áreas y ángulos de la vida humana, que el P. Hurtado quiso evangelizar en una perspectiva social. Baste recordar su preocupación por la educación, la alimentación, la salud, la vivienda, el trabajo, la empresa, los salarios, la familia, la propiedad, las clases sociales.

Está atento a lo nacional e internacional. De todos espera su contribución propia y responsable, de acuerdo a su oficio o profesión; los desafía a pasar a la acción. Así como ausculta los signos de los tiempos, se interesa por el gesto cristiano pequeño: urge ponerse en el punto de vista ajeno o alegrarle la vida a los demás. Por ser social, su mística es auténticamente cristiana.

De haber querido ser recordado por algo, nada hubiera gustado más a Alberto Hurtado que por haberse dejado mover por Cristo y por urgir a otros para convertir este mundo injusto en el Reino de Dios.

Extraído de la revista JESUITAS, NUMERO 86, 2005 San Alberto Hurtado s.j. (1901-1952):

 

el "Hogar de Cristo"

 

 



 




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Fecha de última actualización: 24/12/2008


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